Mi Pasión por la Paleontología: Un Viaje a Través del Tiempo. Segunda parte.

 

Tal como les conté en la entrada anterior, mi aventura en el mundo de la lectura no comenzó con fábulas ni libros escolares, sino con revistas de dinosaurios. Fue a través de ellas que aprendí a leer, pero más importante aún, fue a través de ellas que aprendí a imaginar.

Leer sobre dinosaurios no era simplemente una actividad para mí, era como abrir portales hacia mundos olvidados. Cada página que describía a un Triceratops o un Spinosaurus, cada ilustración de bosques jurásicos o desiertos cretácicos, activaba una parte de mi mente que no solo quería saber, sino crear. Fue ahí donde la paleontología se encontró con mi imaginación.

Recuerdo perfectamente la primera vez que soñé con un mundo prehistórico. No fue un sueño cualquiera. En él, caminaba entre titanes del pasado, observando sus costumbres, su tamaño descomunal, sus ojos vivos. No eran monstruos, eran criaturas majestuosas, llenas de misterio, a las que yo admiraba como a viejos sabios. Ese sueño fue el primero que recordé con claridad, y curiosamente, también fue el primero que dibujé. Con lápices de colores y torpes trazos temblorosos, intenté capturar lo que había visto en mi mente a una muy temprana edad.

Aquel dibujo fue el punto de partida. Pronto comencé a llenar cuadernos con criaturas imaginadas, historias sobre pequeños dinosaurios que escapaban de depredadores, o sobre gigantes que protegían a otros animales de catástrofes. Sin saberlo, había comenzado a escribir mis primeros cuentos.

Lo que había nacido como una fascinación infantil se transformó en una verdadera puerta de entrada a la creatividad. Los dinosaurios no solo me enseñaron ciencia, también me enseñaron narrativa. Me impulsaron a hacerme preguntas: ¿Cómo era su mundo?, ¿Cómo era su día a día?, ¿Qué habría pasado si hubieran sobrevivido?, ¿y si volvieran? Cada pregunta encendía una chispa. Y esa chispa me acompañó durante toda mi infancia y adolescencia.

Más adelante, cuando descubrí la escritura formal, me di cuenta de que aquellos primeros cuentos y dibujos eran en realidad gérmenes de mundos. Algunos de esos mundos aún habitan en mis libretas de adulto. Otros evolucionaron. Algunos se convirtieron en historias más grandes, en tramas con personajes y conflictos, incluso en ideas para novelas o relatos que aún hoy sigo explorando, otras ya están listas y están en búsqueda de una oportunidad editorial para ver la luz y ser parte de sus vidas queridos lectores.

Por eso siempre digo que los dinosaurios no fueron solo mi primer amor científico, también fueron mis primeros maestros creativos. Me enseñaron a leer, a imaginar, a dibujar y a escribir. Y sobre todo, me enseñaron que el pasado remoto puede ser una fuente inagotable de inspiración.

A veces me preguntan si aún me gustan los dinosaurios como antes. La respuesta es simple: no como antes… ahora me gustan mucho más. Porque ya no son solo criaturas del pasado. Son parte de mi historia personal, de mi presente y de mi futuro.

Y esa historia, con suerte, apenas comienza.


Alan Leo Garnet.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Jurassic World: Rebirth La opinion de un veterano de la saga.

Te amaré por millones de años.

De titanes pequeños y minucias titánicas.